Montevideano

Es un mar dulce

de agua marrón

tu escenario.

Un río sin plata

de tierras rotas

y gente endeudada.

Triste oriental

Cuota tras cuota tu vida pasa.

Pero guardás un secreto.

Frente al río

bebés la yerba de tus días.

Caminás,

con pausas.

No hay prisa.

Para qué, te dices.

Sabés que la muerte te espera,

allá,

al final de la Rambla.

Por eso sos lento,

por eso sos longevo.

Conocés tu destino desde la cuna,

escrito con la sangre de quienes ya no hablan.

Morirás.

Obvio.

No hay dios que evite a la parca.

Aunque sí podés burlarla.

Cuidá tus pasos,

gastálos como te dé la real gana.

 

Ella te alcanzará con su abrazo,

como una novia expectante.

Cuando peinés cabellos color plata

y llegués sin aliento

a la última de las playas.

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