El celo de la primavera

Despojada de abrigos,

crece inmensa,

ante el fulgor del sol que amanece.

Enterrado el invierno,

vuelve a ser libre.

Libre de

percibir

de las flores

su fragancia.

Libre para vivir los días cálidos

y libre para

volverse loca por las noches.

Es el celo de la primavera

lo que desmonta al invierno que la precede.

Pero si no fuera por él,

su resplandor nos parecería insignificante.

Es ella una nínfula

como la que Nabokov

describió en un diario.

Aún quedan tres meses

para que nos sea infiel con el verano.

Así que aprovechemos la primavera

embriagándonos con todo el polen

que quepa en nuestras manos.

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