Canciones pre y post mortem

Pre mortem

Mi muerte idílica me tendría a mí como única protagonista en la hierba mojada de los viñedos de Irache, esa desde la que se puede ver al mismo tiempo Montejurra y la casa donde he pasado tantos veranos en mi infancia. Una corta pero intensa tormenta de verano daría paso a un resol caliente pero no lo suficiente para que la hierba se secara de inmediato. Me despediría de mis seres queridos y me dispondría a dar un paseo por los alrededores. Caminaría cual tortuga centenaria hacia ese rincón con la solemnidad que confiere al anciano haber alcanzado la plenitud y la satisfacción en vida. Sin miedo. Al llegar allí, otearía el horizonte, a mi izquierda, donde los campos de trigo se fundirían con el resplandor solar. Las primeras notas de la Sonata del Claro de Luna de Beethoven bajarían desde el cielo. Me quitaría mis sandalias ortopédicas y dejaría que el frescor del agua de la hierba se adentrara en las arrugas de mis pies. Mientras tanto echaría un breve vistazo al conocido paisaje que tendría delante de mí como un reloj. La casa, al frente. Los viñedos, a la derecha. Y Montejurra y el profundo bosque, detrás. Después, me tumbaría sobre la hierba, fundiéndome en su humedad. Con su frescor. Y con los ojos abiertos, miraría hacia las nubes sin verlas. En mis ojos, los recuerdos más valiosos de mi vida se irían sucediendo a cámara lenta. No hay prisa. Entonces, los últimos coleteos de la sonata me darían el adiós definitivo y yo, cerraría los ojos como diciendo: “hasta siempre”.

Post mortem

Sé que la primera parte ha sido un clasicazo. Pero, oigan, es mi forma de morir, mi blog y yo me monto mis sueños como quiero. No es que quiera morir, ni mucho menos. No obstante, prefiero dejar a mis allegados la música que me gustaría que sonara cuando echen mis cenizas a la Bahía. Muy ñoñostiarra, dirán algunos. Puede pero es que en el Norte somos unos nostálgicos. Seguro que en Bilbao ha habido casos de leones que han sido enterrados con sus camisetas de Zarra o Zubizarreta. . Ahora, nada de Orejas, Sobacos o Erentxunes, recurriría a los Stones en la tarea de hacer volar mis cenizas desde el Peine. She´s like a rainbow. Así es como espero que me recuerden. Y en caso de hacer falta un bis, sin duda, les encomendaría el trabajo a los tipos de Lynyrd Skynyrd y a su himno Freebird, un canto a la libertad con el que espero que los que me lloren aprovechen con fervor lo que les quede de vida. 

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