Vano anhelo

“”Es un Coetzee, y los Coetzee no tienen planes, no tienen ambiciones, sólo tienen vanos anhelos”. 

“Verano”, J.M Coetzee

– ¿Por qué le impactó tanto esta frase?

–  Digamos que hasta ayer todo iba bien. Encandila como el autor te engaña hasta el punto de creer que está verdaderamente muerto y que es un joven biógrafo el que cuenta su historia a través de personajes que han pasado por esa época de su vida cuando vuelve a Sudáfrica en los 70. Me gusta la autocrítica que destila el texto. Su originalidad al narrar es también un punto me interesante pero cuando ayer leí esta frase de boca de su prima Margot cerré el libro. Me removió por dentro las entrañas hasta licuarlas. Quiero decir es una afirmación triste, lapidaria y sincera al mismo tiempo. Es dura. Me sentí identificada de un modo extraño. No es que sea yo tenga mucho que ver con el nobel de Literatura pero, joder, en cierta manera me hizo ver que sí que compartimos ciertas similitudes. Él habla más mal que bien afrikáans y a mí me pasa algo similar con el euskera. Ambos intentamos mejorar. A mí, al igual que a él, lo que me interesa es escribir aunque también dedique bastante tiempo de mi vida a otras actividades; él, a trabajos manuales, yo, a la consecución de chorradas aisladas entre sí. Como vía de escape, ambos.

– ¿Y por qué se identifica con esa frase?

– Pensaba que se lo había respondido antes… En fin. Que me sentí identificada con esa frase. Y me duele reconocerlo. No es fácil. Yo también escribo, ¿sabe? Desde hace unos cuantos años con mis crisis existenciales, los miedos al blanco y la sensación de que, cuando algo no me sale bien, no valgo para ello. Sin embargo, cada día tengo más claro que me interesa más escribir ficción que hablar de la realidad. Pero el monstruo de la duda siempre me ataca cuando no me encuentro inspirada o escribo algo que considero posteriormente basura. Soy muy autocrítica para este tema aunque a veces también sueño con convertirme una buena escritora en un futuro indeterminado. No sé si soy yo o la situación actual lo que me frena. A veces pienso que esta aventura de la escritura más que una realidad es un sueño, un deseo, un árbol que he plantado y que intento cuidar pero que no dará buenos frutos. Me esfuerzo, sí, aunque reconozco que no con tanto empeño como Flaubert. Escribo todos los días, aunque sea un poco, para que cada texto me salga mejor y me deje más satisfecha. Pero, ¿y si soy una mujer de anhelos en lugar de ambiciones como los hombres Coetzee? Qué quiere que le diga… Sinceramente, esa frase me ha desmontado por dentro.

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