El día que cambió todo

Son las 11 de la mañana del miércoles 23 de enero de 2013. En el aula habrá alrededor de veinticinco alumnos. Juanma, profesor de Lengua y Literatura de mediana edad y aspecto desaliñado, está de pie frente a sus alumnos con el libro en las manos. Silencio. Se palpa la tensión de aquellos que no han repasado la teoría. Cabezas gachas, alumnos escondidos detrás de las espaldas de los de delante. ¿A quién le tocará esta vez? Tan sólo una niña dice con su brazo “yo, yo, yo”. Es la pelota de Miren, que para asentar más el tópico, lleva gafas de culo de vaso y se sienta en el pupitre más ordenado de todos. Juanma la mira de soslayo, aburrido. Sabe que ella podría recitar la lección al dedillo pero prefiere que sea uno de los “invisibles” quien responda a sus preguntas.

– ¿Alguien me puede explicar qué es la coherencia?, pregunta. De inmediato, Miren alza el brazo por encima de sus posibilidades. – ¿Alguien más aparte de Miren? Venga chavales, que no es tan difícil…

Las cabezas se hacen cada vez menos visibles. Refugiados en su pupitre, los alumnos miran para todos los lados menos para Juanma. Que no les pille, que no les haga levantarse. Sólo uno, además de Miren, parece que no tiene miedo. Sentado al fondo de la clase, y mirando por la ventana, se encuentra Mikel. Le gusta mirar por la ventana, más le vale porque le han puesto junto con los más sosos de su clase. Un verdadero cono del silencio para que no distraiga a nadie. ¿Por qué? Porque es un charlatán, un cuentacuentos. Los días de lluvia y frío, en los que apenas se atisba el sol, relata a sus compañeros historias de niños zombies que vagan por el colegio, espíritus malignos en los baños de la planta de los mayores. En cambio, cuando hace sol, se inventa historietas más amables con las que ligarse a las chicas de un año más.

– ¿Nadie?. Muy bien, Luis. Levántate.

– ¡Eh, por qué yo!.

– Porque para verte la cara he tenido que girar tanto la cabeza que me he hecho daño. La próxima vez no te agaches tanto. ¿Qué es la coherencia en un texto?

– (Luis, delgado, el graciosillo de la clase, se levanta) Emmm… pues…. un texto tiene que ser coherente.

– Sí, eso ya lo sabemos, pero ¿qué significa que un texto tenga que ser coherente o que tenga coherencia?

– (Arruga el ceño) Pues eso no lo sé.

– Bien siéntate. ¿Alguien que me diga qué significa la coherencia? Tú no Miren. Por ejemplo, Mikel, que le gusta escribir.

Mientras tanto en la cabeza de Mikel… “El hermano de la protagonista podría ser manco, unas pirañas del espacio se comieron su mano mientras estaba en su misión y claro, son superpirañas del espacio porque respiran vacío…”. El profesor interrumpe sus pensamientos.

– Hola Mikel, ¿estás con nosotros o estás en la Luna?

– (Vuelve a la Tierra) Con vosotros, con vosotros. Precisamente vengo de la  Luna.

– (Con gesto incrédulo) ¿Me estás vacilando?

– No. Quiero decir que estaba pensando en un posible cuento, que se desarrollaría en parte en la Luna. La humanidad está perdida, no estamos quedando sin atmósfera y tenemos que vivir con una botella de oxígeno pegados. A unos científicos se les ocurre trasladar a los humanos que aún siguen vivos a la Luna pero claro, para ello, tienen que crear una superatmósfera y llevan a los mejores científicos del mundo, entre ellos, el hermano de la protagonista. (Mikel se va creciendo ante la atenta mirada de sus compañeros y la cara de asombro del profesor) Pero no contaban con una amenaza, las superpirañas del espacio, que controlan la Luna…

– ¿Unas pirañas en la Luna? Eso no es creíble, ni coherente.

– Sí, porque están evolucionadas, son superpirañas y respiran vacío. Puede que creíble no le resulte pero es que es un relato de ciencia ficción. ¿Y el bicho de Alien que echa ácido sulfúrico a sus víctimas y sale de sus barrigas? ¿Eso es creíble? ¿O es incoherente? Yo creo que tiene sentido.

– Bien. Dejemos para más adelante el relato de las  pirañas del espacio. Llegados a este punto, ¿qué es para ti la coherencia?

– ¿En un relato, en una peli o en un texto?

– Donde quieras, es igual.

– Pues se trata de que tenga sentido. Que no se traicione a sí mismo. Digamos que  las partes del texto o de la peli o del relato tienen que estar relacionadas, que sean lógicas sino el texto no se entiende. La coherencia facilita la comprensión del texto sea ficción o realidad.

– Muy bien, Mikel. Además, la coherencia y la lógica también van unidas con la consecuencia. Es decir, la coherencia también hace referencia a una actitud lógica y consecuente con una opinión anterior, por ejemplo. Actualmente, es fácil encontrar personajes consecuentes en la ficción que en la realidad.

– ¿Lo dice por los hijos de puta del PP que un día dicen que no van a subir los impuestos y al mes los suben?

– Bueno, lo digo por todos. En general. Aquí no se libra nadie de incoherencias. Ni el PP, ni el PSOE, ni muchos ciudadanos tampoco. Nos quejamos de los que no pagan impuestos arriba pero si podemos ahorrarnos unos euros pagando a un albañil en B, mejor que mejor, ¿sabes? Eso es incoherente pero en fin, no hay remedio.

– ¿Usted cree? Yo creo que sí lo hay, está en la ficción. Con el cine y los libros podemos traspasar las barreras de la ficción a la realidad. Si en algunos libros o en las pelis encontramos una idea más clara de la justicia que en la vida, ¿por qué no trasladarla al mundo real?

Presente. 4 de la madrugada del 24 de mayo de 2024. Con 28 años y una novela ya publicada, recuerda aquella anécdota. Está en el salón de su casa con un café corto de leche ya frío y revisando su próxima novela, “El día que cambió todo”, del día en el que un grupo de jóvenes entraron en el Congreso de los Diputados, hartos de la tomadura de pelo de los testaferros de los corruptos, burlaron la seguridad y consiguieron hacer oír sus propuestas para conseguir una sociedad más justa. El seguimiento de aquella acción tuvo máxima audiencia, incluso más que la Milá tocándole el paquete a uno de Gran Hermano y el partido del Barça-Madrid en el que Iniesta se estrenó como entrenador. Fue el principio del fin de una democracia maltrecha y descaradamente podrida y corrupta. A los meses se convocaron elecciones y el turnismo llegó a su fin. Ganó un partido nuevo y fresco, que representó a todos aquellos indignados con el hiriente sistema que venía imponiéndose desde la transición. Sus líderes, unos jóvenes que desafiaron el statu quo en pos de un presente y de un futuro más digno. El partido más consecuente que hasta la fecha al poder en un tierra donde los privilegios de sangre seguían teniendo cabida. Las cábalas resultaron ciertas: ni reinó Felipe ni tampoco Leonor. Ciudadanos soberanos y no súbditos.

Son las cuatro de la mañana y todavía tiene horas de corrección por delante. Se encuentra fresco y quiere seguir revisando su novela impresa. Pasa las hojas llenas de post-it y autosugerencias. – ¿Será verosímil? Sí, verosímil es. ¿Y coherente?.  Lo es, es una crónica de aquellos días que aún están por llegar. En el fondo, pese a estar quedándose calvo y usar un par de tallas más de pantalón, Mikel sigue pensando como aquel chaval que se sentaba en el último rincón de la clase. Un idealista, dicen algunos; un iluso, dirán otros. Pero a él eso no le importa. Lo que quiere es que su historia motive a la gente a organizarse y cambiar el sistema, hacerlo de, por y para todos. ¿La novela? No deja de ser un medio para conseguir ese fin. “Si es consecuente y la gente que lo lea se de cuenta de que la historia que cuento puede se conciencen de que  es posible cambiar las cosas, de trasladarlas a la vida real”. Por eso está obsesionado con que su novela sea coherente, que se entienda bien su sentido, pese a ser, aún, pura ficción.

Queda mucho trabajo por hacer. Seamos realistas, me dice Mikel. Sí, lo sé, respondo yo. Pero es un paso Mikel. Tú, como personaje de ficción, también puedes ser parte del cambio. Y yo, quién sabe, puede que mañana empiece con el primer borrador de “El día que cambió todo”.

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